Con letra mayúscula, es uno de los sentimientos que más cosas mueven en el mundo.
No quiero complacerme o compartir tristeza con nadie. Escuchando a la barata-pero-a-veces-reveladora Pink (siempre saca a fuera nuestros sentimientos más adolescentes).
Quería comentarle al mundo lo mal que sienta el desamor a aquellos que no tenemos una gran autoestima. Nos idolatran por unos meses, nos dan todo ese amor que nunca nos dieron cuando éramos pequeños, que absorbemos sin pensar en cómo sale de donde sale.
“You called me beautiful”.
El mono de las endorfinas segregadas por este sentimiento es de los peores sindromes de abstinencia que he conocido jamás. Y se suma el no entender, el qué ha pasado que ya no te gusto. Y tu autoestima vuelta a la mierda. Tu autoestima, y consecuentemente, somatizas, no comes porque el estómago lo tienes encogido, lo que comes lo vomitas, por las noches no puedes respirar, notas como el pulmón no cabe al lado del corazón, y esta vez no, no hay un maldito myolastán que te permita dormir tranquilo.
Te has vuelto una mierda de tan increíble tamaño, que acabas dándote asco a ti mismo que intentas evolucionar, pero has caído tan bajo, con tan poca auto-confianza (self-confidence) que ni siquiera sabes si serás capaz de dar un paso adelante, o si el hecho de darlo a ciegas para no pensar te volverá a pisotear tu magullado corazón.
Tal era la enagenación del amor, que buscas manuales, o libros de autoayuda (se puede caer más bajo?), para saber como se daban aquellos pasos previos, cómo se vivía sin dolor. Y empiezas a salir, pero la intertextualidad de la vida es jodida y está llena de referencias a tu ex-vida feliz. Empezando por ti mismo, acabas insultándote a ti, si tanto te gustaba una persona, y tú eres diferente, deberías cambiar tu manera de ser?. Este masoquismo incipiente desangra a viles puñaladas tu autoestima, cual Don Quijote y los Sacos de Vino.
Si ha pasado algun tiempo, intentas volver a contactar, para con un poco de cabalidad, entender el qué ha pasado, y solucionar tu sentimiento de culpabilidad de “porqué ya no le gusto”. O no, y pasas de caer más bajo, de arrastrarte, pero con ese sentimiento de culpabilidad, porque tu autoestima no te permite pensar que la culpa sea de otro.
La autoestima está más baja que nunca y no sabes como solucionarlo, y sabes que no hay muchos peces en el mar que puedan tratar con estos niveles cósmicos de auto-odio.
El ciclo se cierra impidiéndonos llevar relaciones estables y se vuelve a repetir. Lo curioso es que realmente, el otro ha tenido bien poco donde jugar, en la mayoría han sido nuestras pajas mentales que nos hemos hecho sufrir, porque a veces pensamos que no nos merecemos otra cosa.





